USO SALUDABLE DEL AIRE ACONDICIONADO: CLAVES PARA CUIDARSE DEL CALOR SIN AFECTAR LA SALUD
Ante las altas temperaturas, el aire acondicionado (AC) se vuelve un aliado frecuente en hogares, espacios de trabajo y ámbitos públicos. Sin embargo, su utilización suele generar debates y, si no se emplea adecuadamente, puede tener efectos negativos sobre la salud. Desde el Hospital de Clínicas de la UBA brindan recomendaciones para un uso saludable.
“La clave está en cómo se utiliza. Existen distintas variables que determinan un uso saludable o no de estos artefactos”, sostiene la Dra. Ana Putruele (MN 55.966), médica neumóloga y docente del Hospital de Clínicas de la Universidad de Buenos Aires.
En este sentido, una gran cuestión que lleva numerosas veces a conflictos es a qué temperatura ponerlo. “La temperatura ideal para programarlo ronda entre los 24 y 27°C, la cual resulta confortable para el cuerpo, inclusive para los momentos de descanso”, afirma la especialista.
Si bien la elección de la temperatura suele ser un factor de disputa, los expertos en energía y especialistas en salud insisten en configurarlo dentro del rango mencionado. Además de que el consumo eléctrico se vuelve eficiente en este caso, programarlo así evita los cambios muy bruscos de temperaturas entre ambientes o entre el interior y el exterior, que pueden generar un impacto negativo en las personas.
No obstante, cuidarse de los fuertes calores es posible eligiendo lugares con buena circulación de aire, ventanas y poca concentración de personas. “Utilizar ventiladores es una opción de confort. El movimiento del aire y la evaporación de la humedad de nuestra piel producen sensaciones de descenso de temperatura de entre 3 y 5°C”, dice Putruele.
La médica advierte que “durante la noche un exceso de frío puede hacer que las personas se despierten varias veces y, aquellas/os que duermen con la boca abierta, pueden sufrir irritación de las vías aéreas y más aún quienes tienen las defensas bajas”.
Asimismo, recomienda que la temperatura se mantenga estable. “Las modificaciones repentinas por encender y apagar o cambiar constantemente la temperatura del equipo pueden generar resfriados, laringitis, faringitis, sinusitis, crisis de alergias, broncoespasmos en personas asmáticas y hasta neumonías”.
El flujo del aire no debe ser directo sobre las personas y el uso prolongado de estos aparatos pueden causar las consecuencias mencionadas e inclusive episodios de agravamiento de EPOC en casos más complejos”, agrega Putruele.
Es importante también el mantenimiento de los filtros de los AC, dado que tienden a acumular polen, ácaros, polvo doméstico u otro tipo de sustancias como gérmenes. La experta del Clínicas detalla que “entre estos, el más conocido es la bacteria Legionellapneumophila, responsable de una neumonía que puede ser grave. Otros de los principales contaminantes del aire son los hongos Aspergillus niger y Aspergillus fumigatus, que provocan rinitis, asma, neumonía o neumonitis por hipersensibilidad”.
A esto se suma que el empleo del AC suele hacerse en ambientes cerrados, con menos ventilación, facilitando de este modo la transmisión y el contagio de gérmenes. Por ende, se recomienda mantener los filtros para prevenir afecciones y que el aparato tenga un mejor funcionamiento y rendimiento.
La sequedad del ambiente es otro punto a considerar a la hora de utilizar el AC. “Estos aparatos suelen secar los conductos nasales, lo cual puede causar irritación en las membranas mucosas y ausencia de esta protección. Así, nos volvemos más vulnerables al ataque de algunos virus. Por ello, usar la función de ventilación de estos equipos permite mantener la humedad del ambiente”, afirma.
Adoptar hábitos adecuados, respetar las temperaturas recomendadas y garantizar el correcto mantenimiento de los equipos permite disfrutar de sus beneficios sin poner en riesgo la salud y atravesando los períodos de mayor calor de manera más segura y saludable.
FUENTE: Prensa y Comunicación Institucional del Hospital de Clínicas
