RIVER PERDÍO ANTE VELEZ EN LINIERS Y PREOCUPA LA CONTINUIDAD DE GALLARDO
La de Tigre no fue una noche fatídica aislada. En todo caso, aislados fueron esos dos módicos triunfos ante Barracas Central y un disminuido Gimnasia en el inicio del torneo: antes y después, River es esto. Esto: un equipo que no juega a nada, que no parece trabajado, que no tiene conexiones, que no tiene gol, que desde 2024 no da vuelta un partido que empieza perdiendo (ya son 18), que cayó en 12 de sus últimos 20 presentaciones entre todas las competencias, que perdió 10 de los últimos 15 PJ por Liga y se transformó así en el club con más derrotas en ese lapso entre 30 participantes con una inversión multimillonaria. Y que, encima, tampoco tiene buena suerte.
En Liniers todo le salió mal a un River que jugó un primer tiempo de fin de ciclo y que tuvo una levantada en la segunda parte con cierta frescura gracias a los cambios que hizo Gallardo y también a un rival que se quedó sin piernas. No le alcanzó ni siquiera para rescatar un empate. Esa media hora en la que arrinconó a Vélez no parece suficiente como para aferrarse en esta crisis cada vez más aguda. En todo caso, lo que mostró en ese tramo aceptable principalmente gracias a las ganas de Joaquín Freitas y de Kendry Páez fue una alergia para el gol inaceptable que viene de arrastre, con delanteros en niveles bajísimos que siguen secos como un Driussi que en el Amalfitani con la 9 en la espalda ni siquiera intentó patear al arco en 90 minutos y un Colidio que insólitamente se fundió a la hora de juego, cometió decenas de errores no forzados y nunca salió.
El colmo, esta vez, fue que Manuel Lanzini (no podía ser de otra manera) fue su verdugo después de que en las dos fechas anteriores Tiago Serrago y Hernán López Muñoz le aplicaran la ley del ex. Y no solo eso: perdió por lesiones durante el partido a un Franco Armani que evidentemente no debió haber atajado y que es responsable del 0-1, a un Juanfer Quintero que también contribuyó al gol de ML con un pésimo pase al medio idéntico al que provocó el grito de Romero vs. Tigre, y a un Páez que había tenido algunas ráfagas interesantes antes de que una mala caída sobre su hombro izquierdo lo sacara de la cancha. Sí, llueve sobre mojado en River. Un River que no tiene rumbo futbolístico: el silencio de Gallardo solo alimenta la incertidumbre sobre un futuro que a esta altura, recién en febrero de 2026, ya se advierte sombrío incluso para un ídolo como él.
El Muñeco no le encuentra la mano la mano desde hace rato a la cosa y por eso ahora analizará el futuro: la leyenda erró demasiado en los mercados, no potenció futbolistas, nunca logró hacer que River jugara ni parecido a las mejores versiones de su glorioso primer ciclo y después de seis fechas de torneo ya dio demasiados manotazos de ahogado. Por caso, ante el Fortín estuvieron en cancha dos jugadores que MG no iba a tener en cuenta, como un Paulo Díaz que volvió a ser el de 2025 y un Freitas que no hizo la pretemporada y fue el primer cambio ante la lesión de JFQ.
