LEY DE LA MÚSICA

La creación del Instituto Nacional de la Música (Inamu) significa un paso que justificó la larga jornada de actuaciones cargadas de deseos. Una multitud de artistas celebró un trabajo colectivo que cambia las reglas de juego en la producción musical.



Es el amor”, dice Cristian Aldana con una sonrisa plena. “El amor a la música”, redondea su explicación sobre los motivos de la flamante ley de creación del Instituto Nacional de la Música (Inamu), órgano inédito de fomento de la actividad en cuanto a producción, circulación, formación y promoción. Y alcanzaba echar un vistazo en derredor del gran escenario montado ayer al mediodía frente al Congreso Nacional para verificarlo: centenares de personas se amuchaban sobre una Avenida Entre Ríos cortada, compartían agua y cervezas, cigarrillos y risas, componían el ritual vestidos de entrecasa y de oficina para que la música se sintiera tan acompañada en el Senado como cualquier mortal con su melódica compañía, para hacerle el “aguante” hasta que la Cámara alta le diese tratamiento a esta norma que ya había obtenido media sanción en Diputados el 31 de octubre. “Militamos por la música porque la amamos, porque es maravilloso cuando una persona siente la energía para tener una banda y salir a tocar”, añade el líder de El Otro Yo y presidente de la Unión de Músicos Independientes (UMI). Todos celebran con las manos arriba, las bandas y los solistas emergentes (que dieron arranque al festival) y los consagrados (que lo cerraron), como Pedro y Pablo, Litto Nebbia, los reunidos Man Ray, Peteco Carabajal, Raúl Porchetto, Bersuit Vergarabat, Teresa Parodi y Lito Vitale. Celebran que la música sea ley, pero sobre todo que sea reconocida como cultura.
“La música siempre estuvo en esa dicotomía entre el mercado del entretenimiento y la cultura, pero es claro que es un lenguaje de comunicación”, zanja Diego Boris, referente de la ley y presidente de la Federación Argentina de Músicos Independientes (FA-MI). Además, destaca el doble carácter histórico de esta sanción. “Hoy es la concreción de un logro: nuestra lucha no queda como un movimiento testimonial; pero el proceso de construcción de la ley es lo más contracultural. Los músicos organizados en asambleas, debatiendo, consensuando, plasmando puntos en un proyecto de ley, todo ese proceso es tanto o más atractivo que este punto de inflexión. Es importante dar señales de que la actividad musical se junta para transformar la sociedad, y no solamente para declamar cómo deberían ser las cosas.” Parecer repetidos desde el escenario como otros conceptos clave durante el festival: participación, distribución, acción, solidaridad y, de nuevo, amor.
Pasado el mediodía, con autos y colectivos aún corriendo por la avenida, La Puta Madre estrenó con sus distorsiones los parlantes, que emitirían en alta frecuencia hasta entrada la noche, como para que los legisladores escuchasen los acordes desde dentro del Palacio. “Esta ley nos favorece a todos, incluso a los más chicos, así que presten oreja”, arengaba después el cantante de Dios Astronauta a los que pasaban taponeándose los tímpanos con los dedos. “¡Arriba la ley de música!”, agitaba Clase K en un interludio de cumbia sabrosa. Pegadito sonó Bach, hip hop y ska; y más tarde reggae, pop y folklore, un abanico amplio de expresiones melódicas. Las participaciones fueron breves, de dos o tres canciones por artista, y durante los intermedios se alternaron en las pantallas de leds laterales videos de adhesión (los de Gustavo Cerati, Luis Alberto Spinetta y Mercedes Sosa fueron emotivamente aplaudidos), flashes esporádicos de Senado TV y la lectura de los puntos esenciales de la norma.
De destacado carácter federal, el Inamu (con financiamiento estipulado en la Ley de Servicios de Comunicación Audiovisual) permitirá el incentivo a organizar a todos los actores de la actividad musical (músicos, productores, espacios culturales comunitarios, estatales y privados, empresas discográficas y productoras de música en vivo); la creación de sitios estables para la presentación de música en vivo; la mejora en la difusión de la música nacional en los medios de comunicación; el favorecimiento de la formación integral de músicos en cuanto a su instrucción artística y en cuanto a derechos intelectuales y laborales; la distribución de recursos económicos y de herramientas y el hecho de que los músicos nacionales puedan actuar como teloneros de sus pares internacionales. “La ley plantea un gran avance del federalismo real, en contraposición al federalismo declamado, con una estructura muy ágil”, remarcó Boris. “Con ella se puede empezar a transformar la lógica del mercado, que tiene que ver con la comercialización, el lucro y la competencia. Esta ley va a poner en hechos la teoría de que el arte le puede discutir al mercado la lógica de producción, distribución y difusión de música”, dijo el músico, que señaló también que ésta es una primera parte de una más amplia ley de la música: “En las asambleas se decidió que hay dos trazos gruesos: el primero es el fomento de la actividad y, sobre todo luego de Cromañón, la necesidad de espacios para tocar. La parte dos es la posibilidad de mejorar las condiciones laborales de los músicos, con un estatuto inclusivo para los independientes y aquellos en relación de dependencia”.
Pedro y Pablo fueron los encargados de abrir el segundo bloque de artistas, a las 15, con un solazo gambeteando nubes. “Ponemos muchas esperanzas en esta ley”, admitió Miguel Cantilo frente a un público que crecía de manera consistente. Ricardo Soulé y Litto Nebbia, a dúo, levantaron el calor de la concurrencia, y le siguieron Miss Bolivia y Buenos Aires Karma. Edu Schmidt fue el primero en disfrutar de la audiencia congregada sobre la avenida. Hasta entonces, los asistentes y los curiosos que se paraban a escuchar y a preguntar qué sucedía lo hacían en un pasillo de un metro de ancho paralelo al escenario o en el boulevard entre el Congreso y la Plaza del Congreso, en el que habían sido montadas dos estructuras de caño y tablones para elevar la vista sobre los colectivos. Ya eran las 17. “Todos tienen discos en sus casas, pero los músicos habíamos sido olvidados”, tiró el ex Arbol, que durante su performance al violín incitó a cantar a todo pulmón. “¡Vamos, para que la voten!”, repetía. Tocaron luego Ica Novo, Man Ray, Diego Frenkel, Sergio Dawi y Smitten.
Raúl Porchetto, enérgico, subrayó que la norma demuestra un interés de los artistas por “cuidar el arte y cuidar la democracia”. “Muchos músicos trabajaron en silencio para llegar a este momento”, felicitó. Llegaron el Mono de Kapanga, la Bersuit, El Otro Yo, Teresa Parodi, Liliana Herrero, Lito Vitale, Liliana Vitale, Juan Carlos Baglietto, Tren Loco y todavía seguían sumándose nombres, muchos “espontáneos”, al cierre de esta edición. “La importancia del instituto es que el Estado tome a la música como arte y tenga fomento como otras artes. Creemos que la Argentina es potencia en música, con exponentes que se destacan y gente que está dispuesta a poner plata de su bolsillo para armar una carrera independiente. La necesidad de que eso se fomente es fundamental por las problemáticas que tiene la profesión. Queremos que más músicos de todo el país se unan al sueño de generar música y vivir de ello”, cerró Aldana.

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