TOMA EN DANZA
Los estudiantes continúan con la medida porque además de los cuestionamientos a la reforma del secundario, suman su protesta por el estado del edificio, que no reúne las condiciones para la práctica de esa disciplina.


La resina que se ponen en la suela de las zapatillas no sirve para evitar los resbalones. Las caídas suceden a pesar de todo. El problema, señalan las alumnas, no es la resina, sino el piso plastificado: un escenario inapropiado para la danza, traicioneramente resbaladizo. Desde abril pasado, la Escuela de Danzas 1 Aída Mastrazzi dicta sus clases en un edificio alquilado, donde “no se reúnen las condiciones” para practicar esa disciplina. La sede original, adonde los estudiantes reclaman regresar, se encuentra en obra desde hace más de dos años y por eso las autoridades del establecimiento solicitaron el traslado temporario. Sin embargo, el edificio actual no cuenta con las condiciones necesarias para llevar a cabo las actividades de la institución educativa. La semana pasada la escuela se plegó a la toma de los colegios porteños en rechazo a la reforma curricular que impulsa el Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires. Además de expresarse en contra de esas modificaciones, reclamaron una solución para su conflicto edilicio. Ayer, cuando las tomas ya se habían levantado en la mayoría de las escuelas medias, el Danzas 1 mantenía la medida de fuerza.
En julio de 2011 comenzaron las obras en la Escuela de Danzas 1, ubicada en la calle Esmeralda 285, en el barrio de San Nicolás. Entre ampliaciones y remodelaciones se comenzaron las obras para sumarle un piso más al edificio, dotarlo de un ascensor y agregar aulas y baños para discapacitados. “Era imposible tener clases en esas condiciones. Había materiales de construcción en los pasillos, ruidos todo el tiempo e incluso en varias oportunidades se cayó la mampostería. El hueco del ascensor, por ejemplo, no estaba cercado con nada. Cada vez que llovía se filtraba el agua, se cortaba la luz y las clases se suspendían”, detalló Carolina Bottini, vocera del centro de estudiantes. “Las obras avanzaban muy lento. Había días que veíamos dos o tres obreros trabajando nada más. Pero llegó un momento en que tuvimos que irnos porque había peligro de derrumbe”, agregó Bottini.
El plazo original para la finalización de la obra, que era de 540 días corridos, se extendió en dos ocasiones debido a las demoras en los trabajos. La empresa contratista recibió 75 días más la primera vez y otros 30 la segunda, con lo que el plazo se corrió hasta el 23 de abril de este año. Sin embargo, en enero de 2013 las autoridades del colegio verificaron el atraso y el incumplimiento de las tareas previstas e hicieron el reclamo ante el Ministerio de Educación porteño y la Dirección General de Infraestructura Escolar. Poco después, docentes y alumnos recibieron la noticia de que iban a ser trasladados momentáneamente a un edificio alquilado.
Las clases comenzaron a dictarse este año en el ex edificio del Patronato de la Infancia, situado en Paraguay 2567. “Como no era un edificio preparado para una escuela de danza, demoraron un mes en acondicionarlo y comenzamos las clases recién en abril. Incluso así, acá tampoco están dadas las condiciones para practicar”, refirió Dafne Poti, alumna del establecimiento. “El piso plastificado de las aulas puede ser visualmente agradable, pero no es funcional. Nos resbalamos todo el tiempo. Debería ser un piso de madera con cámara de aire. Además las barras en donde elongamos no están amuradas a la pared, sino que están sostenidas con tarugos. En un comienzo no teníamos ni espejos”, contó Poti. El edificio actual, sostienen alumnos y docentes, no alcanza para recibir a los 900 alumnos y 400 docentes que, aproximadamente, estudian en la escuela. Las aulas tampoco son suficientes: “Los chicos de folklore, por ejemplo, tienen clases en el patio de cerámica, por lo que el zapateo es imposible y produce lesiones”, explicó la alumna.
Cuando los estudiantes porteños comenzaron a tomar las escuelas secundarias en rechazo al nuevo plan de estudios impulsado por el gobierno porteño, el Danzas 1 decidió sumarse a la medida de fuerza. “Iniciamos la toma el miércoles pasado porque tenemos un conflicto doble. Nos oponemos a la nueva escuela secundaria porque devalúa nuestro título y a la vez reclamamos que se terminen las obras edilicias en nuestro colegio”, sostuvo Poti, quien aclaró que la medida se mantendrá hasta el jueves cuando decidirán, en asamblea, cómo continuar.
Ayer, estudiantes, docentes y autoridades de la escuela fueron recibidos por las legisladores Laura García Tuñón (Buenos Aires para Todos) y María Elena Naddeo (Alternativa Popular), quienes acordaron recorrer las instalaciones con el resto de los miembros de la Comisión de Educación y con funcionarios del Ministerio de Educación porteño. En este sentido, voceros del ministerio informaron que “las obras en el colegio están avanzadas y están trabajando junto al resto de la comunidad educativa para poder dar una solución al conflicto”.
La Escuela de Danzas 1 Aída Mastrazzi fue creada en 1924 bajo la presidencia de Marcelo T. de Alvear. Su edificio de la calle Esmeralda se construyó en 1830 y por sus características arquitectónicas fue declarado Patrimonio Histórico Nacional.

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