SOBREVIVIENTES DEL HOLOCAUSTO CELEBRARON EN BUENOS AIRES

SOBREVIVIENTES DEL HOLOCAUSTO CELEBRARON EN BUENOS AIRES

Las historias personales evocadas durante la ceremonia reflejaron tanto el dolor del pasado como la fuerza del presente. Anita Isaac de León, nacida en Bacau, Rumania, en 1925, recordó los años de miedo y desplazamiento antes de llegar a la Argentina en 1952. A sus 100 años, celebró su Bat Mitzvá rodeada de hijos, nietos y bisnietos. “Vinieron mi hijo, mi nieta, mis bisnietos. Todos vinieron a verme, a saludarme. Eso me impresionó y me llenó de orgullo”, dijo conmovida.

Con edades entre 87 y 100 años, ocho sobrevivientes de la Shoá participaron de una emotiva ceremonia en el templo Max Nordau, organizada por la Comunidad Dor Jadash y la Fundación Tzedaká. El acto, encabezado por el rabino Marcelo Bater, significó una reparación espiritual y un homenaje a la vida y la memoria.

El templo Max Nordau, perteneciente a la Comunidad Dor Jadash en el barrio porteño de Villa Crespo, se convirtió en escenario de una celebración sin precedentes. Ocho sobrevivientes del Holocausto, cuyas edades oscilan entre los 86 y los 100 años, cumplieron finalmente con el ritual judío del Jai Mitzvá, símbolo del paso a la adultez religiosa que no habían podido realizar en su juventud por la persecución nazi.

“Llegó el día. Un gran día muy esperado por ellos. Un jueves diferente, cuando generalmente estamos con chicos de doce y trece años y hoy los protagonistas son ustedes”, expresó el rabino Marcelo Bater, quien encabezó la ceremonia junto a integrantes del programa de Ayuda a Sobrevivientes de la Fundación Tzedaká. Los homenajeados fueron Ruth (94), Ilse (96), Alba (86), Berta (87), Marisha (87), Pedro (89), Elizabeth (88) y Anita (100), todos testigos de una historia atravesada por el horror, la pérdida y la reconstrucción.

Nacidos en distintos puntos de Europa, entre ellos Rumania, Croacia, Polonia, Alemania, Bélgica, República Checa y Austria, los protagonistas del acto compartieron una infancia marcada por la persecución, los desplazamientos forzados y la separación de sus familias. Algunos vivieron escondidos durante años en espacios mínimos, otros fueron deportados o debieron huir. Todos encontraron refugio en la Argentina, donde lograron reconstruir sus vidas y convertirse en símbolo de fortaleza y esperanza.

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